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miércoles, 26 de julio de 2017

La cenicienta (1950) : Yo sufro





Yo sufro con estas películas, es más , las evité durante muchísimos años, incluso desde mi infancia, porque nunca me dieron ¨buena espina¨. De hecho , y por más que se ponga uno en la época en la que si hizo, los mensajes que nos manda son bastante horribles, hay toda la oscuridad de muchos de los clásicos Disney y parece que lo mejor a lo que puede optar una mujer es a pegar un ¨braguetazo¨, entre otras muchas cosas exentas de los verdaderos valores que se transmiten en las verdaderamente buenas de Disney

La animación...sí, está bien, la habitual, funciona incluso hoy, pero los personajes son absurdos, la propia historia está mal estructurada y tiene un desenlace precipitadísimo

Se deja ver, pero no se recuerda

Nota Pelicacómetro : 4/10



Título original
Cinderella
Año
Duración
74 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Director
, ,
Guion
William Peed, Ted Sears, Homer Brightman, Kenneth Anderson, Erdman Penner, Winston Hibler, Harry Reeves, Joe Rinaldi
Música
Mack David, Jerry Livingston, Al Hoffman
Fotografía
Animation
Reparto
Productora
Walt Disney Pictures
Género
Animación. Infantil. Romance. Fantástico. Musical | Cuentos
Grupos
Clásicos de Walt Disney | Adaptaciones de Charles Perrault | La Cenicienta (Disney) | Princesas Disney
Novedad
Sinopsis
Cenicienta era una hermosa y bondadosa joven, a quien su cruel madrastra y sus dos hermanastras obligaban a ocuparse de las labores más duras del palacio, como si fuera la última de las criadas. Sucedió que el hijo del Rey celebró un gran baile. Cenicienta ayudó a sus egoístas hermanastras a vestirse y peinarse para la fiesta. Cuando se hubieron marchado, la pobre niña se echó a llorar amargamente porque también le hubiera gustado ir al baile. Pero hete aquí que su hada madrina le hizo una carroza con una calabaza, convirtió seis ratoncitos en otros tantos caballos, una rata en un grueso cochero, y seis lagartos en elegantes lacayos. Después tocó a Cenicienta con su varita mágica y sus harapos se convirtieron en un vestido resplandeciente, y sus alpargatas en preciosos zapatitos de cristal. Pero el hada advirtió a Cenicienta que a medianoche, todo volvería a ser como antes. Cuando llegó a la fiesta, su radiante belleza causó asombro y admiración. El Príncipe no se apartó de ella ni un solo instante. Poco antes de la doce, Cenicienta se retiró. Al día siguiente, seguían los festejos principescos y todo se repitió de igual manera que la víspera. Pero la pobre Cenicienta, tan feliz con su Príncipe, se olvidó de que a las doce terminaba el hechizo. Cuando oyó la primera campanada de la medianoche, echó a correr y perdió uno de sus zapatos de cristal. (FILMAFFINITY)

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