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martes, 10 de marzo de 2015

Karate kid, el momento de la verdad : No soporta una revisión

A pesar de no haber sido nunca una película que me encantase, todos los niños la disfrutabamos y acabábamos haciendo ¨La grulla¨, pero pocos recuerdos buenos quedaban en la memoria y tras llevar ya más de diez años resistiendome...he acabado por verla de nuevo, encontrando una decepción previsible

La historia no es ni mucho menos su punto fuerte, además está narrada a trompicones y hay demasiados momentos innecesarios, que la alargan hasta unas terriblemente excesivas 2 horas, donde nos encontraremos con cosas tan agradables como las escenas de ¨La cera¨ ó las visitas a los salones recreativos, pero también con muchas otras que nos importan realmente muy poco

En el aspecto artístico tenemos a Ralph Maccio, que aunque aquí funcionó más o menos bien, nunca ha llegado a brillar. También vemos a una jovencísima Elisabeth Sue, que debutaba en el cine y al justamente inmortalizado por este personaje, Pat Morita

El lado técnico no es del todo malo, especialmente los juegos de luces y siluetas que quedan muy vistosos

Si la viese alguien oven por primera vez...le sería dificil empatizar con ella y para quienes la disfrutasen en los 80...cada vez cuesta más

Nota pelicacómetro: 5/10


Título original
The Karate Kid
Año
1984
Duración
126 min.
País
 Estados Unidos
Director
John G. Avildsen
Guión
Robert Mark Kamen
Música
Bill Conti
Fotografía
James Crabe
Reparto
Ralph Macchio, Pat Morita, Elisabeth Shue, William Zabka, Randee Heller, Martin Kove, Ron Thomas
Productora
Columbia Pictures / Delphi Films / Jerry Weintraub Production
Género
Drama | Deporte. Karate. Artes marciales. Amistad. Acoso escolar. Adolescencia. Comedia juvenil
Sinopsis
Daniel Larusso llega a Los Ángeles procedente de la costa Este de Estados Unidos dispuesto a hacer nuevos amigos. Sin embargo, se convierte en el blanco de los ataques de los Cobras, un hostil grupo de estudiantes de kárate, cuando comienza a salir con Ali, la antigua novia del cabecilla del grupo. En tal situación, no tiene más remedio que pedirle ayuda a Miyagi, un maestro de artes marciales, para que le enseñe kárate. Bajo la tutela de Miyagi, Daniel desarrolla no sólo sus aptitudes físicas, sino también la seguridad en sí mismo que necesita para superar todos los obstáculos.

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